Encerrado en lencería II

Encerrado en Lencería. Parte II.

Parte I

 

ENCERRADO EN LENCERÍA

PARTE II

     <<¡Vaya, hombre “s’a cerrao”!
Y abrirla ya no sé cómo,
pues no me responde el pomo
al girarlo hacia los “laos”
¡Vaya si estoy “apañao”!
Pero bueno, no me apuro,
que soy un chico maduro.
Lo primero es lo primero.
Me “viá vestí” de enfermero
y luego la abro, seguro >>.

     Vestido ya con las rayas
y en tensa calma serena,
de abrir la puerta dichosa
cree encontrar la manera.
Y así, cual buen mosquetero
que ante el peligro no se arredra,
echa mano a su bolsillo
y de él saca unas tijeras
que serán su pasaporte
para escapar de la celda.

 

Esgrime en su diestra, cual grácil florete,
sus recias tijeras de noble metal,
e iluso, creyendo salir ya del brete,
la cruel cerradura comienza a forzar.

Mas ¡Ay! que el intento no ha sido fructífero,
la puerta no quiere al reo liberar.
¡Y encima la estancia es como un frigorífico!
¡Si no sale pronto se va a congelar!

Después del fracaso analiza su estado
y piensa que en vano es ponerse a gritar:
estando al final del pasillo encerrado…
¡Por mucho que grite no le escucharán!

Y en esas estando, de súbito siente
la mente agitarse y el seso faltar,
inicia una fase de sueño consciente
y ve en tres segundos la tarde pasar.

Y ve una paciente que ríe y se mea,
y ve otra que canta imitando a Bisbal.
Y ve sujeciones con fuertes correas
e incluso agresiones hacia el personal.

Y sigue el delirio del pobre enfermero,
la historia prosigue con su delirar
y ahora está viendo al paciente trianero
contando unos chistes “pa” hacerse notar.

Y ve a la enfermera de preciosa estampa
con la que esa tarde tenía que currar
llevando ella sola solita la planta,
recibiendo ingresos casi sin parar.

Y ve una anoréxica que se cabrea
y en fin, los ve a todos “loquitos de atar”.
<< ¡Cuando cuente esto no habrá quien me crea!
¡No sé si reírme o echarme a “llorá”!>>

Así se lamenta, con aire afligido,
y ya el sano juicio le empieza a fallar.
La vista se nubla, se escapa el sentido.
Si no lo remedia tendrá que ingresar.

Y no habrá en la planta Zyprexa ® que valga,
ni habrá Modecate’s ®, ni habrá Risperdal ®.
No habrá curación, pues ya no lo salva
ningún neuroléptico en “to” el Hospital.

Mas quiere la suerte, la buenaventura,
que, cuando parece que vaya a explotar,
se frene el acceso de tanta locura
y el brote psicótico no avance más.

Y así, recobrando su antigua cordura,
el joven suplente vuelve a razonar
y el fin de su fría y amarga clausura
con nueva esperanza podrá vislumbrar.
                  …

 

Parte I  Parte III

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